¿Has notado que algunas marcas generan una devoción que va más allá de cualquier lógica comercial? La diferencia no está en el producto que se vende, sino en la experiencia que lo envuelve. Y aquí está el secreto que pocas marcas comprenden: los rituales de marca son la última estrategia para crear conexiones emocionales auténticas y profundas. Más allá de llamar la atención de la audiencia, buscan mimarla y honrarla genuinamente.
Justamente hace casi un año te presentaba el framework brandX donde te narraba la importancia de los rituales como experiencias de marca de alta intensidad emocional, si te interesa refréscalo en el link.
¿Qué son los Rituales de Marca y por qué son relevantes en 2025?
Un ritual de marca es una experiencia o práctica intencional y simbólica que conecta a las personas con la esencia de la marca, transformando transacciones en relaciones. Es decir, lo que consumes deja de ser un producto y pasa a formar parte de tu propio universo identitario -de quién eres, qué valoras y con quién y cómo compartes y entiendes la vida-.
No es una acción puntual. No es un claim. No es un evento aislado. Es una práctica experiencial significativa que hace que lo que consumes deje de ser un producto y se convierta en parte de quién eres -o aspiras ser-.
El ritual de marca es una práctica intencional, simbólica y emocionalmente significativa que conecta a las personas con la esencia de una marca. Y que puede utilizarse para generar estados emocionales de conexión profunda e inmersión para acompañar al cliente a integrar o utilizar mejor un producto, conectar mejor con la persona que lo recibe, y permitir que viva una experiencia más profunda y satisfactoria -sea el producto que sea-.
Por ejemplo, últimamente veo rituales en muchos negocios que no habíamos visto antes. Lo veo en las cafeterías de especialidad Jaç Hi-Fi Bar, un establecimiento que propone una experiencia íntima en la que los clientes escuchan música con un sonido de altísima calidad mientras toman un café de especialidad. Lo veo en nuevos clubs de deporte, como Concept Barre, que propone clases ritualizadas para entrar en un espacio de liminal colectivo.
En un mundo donde la atención es el bien más escaso y las consumidoras están sobre-saturadas de mensajes comerciales rápidos y urgentes, los rituales rompen esta dinámica de marketing y crean espacios dónde la marca para el tiempo para generar bienestar emocional, a través de prácticas que huyen de lo rápido y el sin sentido. Los rituales de marca son la estrategia más poderosa para generar pertenencia y es que están pensados y orquestados para generar resonancia emocional.

Para entenderlo mejor: el caso Rosalía + LUX
El lanzamiento del álbum LUX de Rosalía ha sido un ejemplo impecable de cómo se puede sostener la atención durante días a través de una campaña vanguardista, multisensorial y llena de tensión narrativa multiplataforma. Menuda frase, ¿Se entiende, no? Durante 15–20 días, Rosalía -y su maravilloso equipo, porque aquí veo yo mucho talento simbiótico- desplegó una secuencia de acciones físicas y digitales que convirtieron este lanzamiento en un fenómeno dopaminérgico: la filtración de la primera partitura, los retos en TikTok interpretando Berghain, la portada desvelada en Times Square y la aparición mariana en Callao, entre otras…
Pero si hay una de esas acciones de la campaña que ha marcado la resonancia emocional ha sido su listening party —especialmente la de Barcelona—.
Tengo que confesarte que descubrí el concepto “listening party» hace relativamente poco. Una listening party es, técnicamente, un encuentro para escuchar un álbum antes de su propio lanzamiento. Pero lo que hizo Rosalía fue elevar el concepto.
No era un preview. Ni un evento fan. No era una acción pensada para viralizar sino para experienciar.
Fue una práctica colectiva de atención plena, diseñada para que la música no solo se consumiera sino que se viviera con una intención nítida y una respuesta emocional. Fue un ritual.

¿Por qué la listening party de Rosalía fue un ritual y no un simple evento?
1. La intención del espacio
La intención es clave en cualquier práctica ritualística. En este caso, compartir un espacio para escuchar -con toda el alma- el nuevo álbum es la intención, y no se escogió cualquier lugar para ello. No era un bar, no era una sala estándar, no era un espacio random. Era un lugar intencional y con un significado claro, en el caso de Barcelona: el MNAC es el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Solamente con esta elección el concepto de la experiencia ya se eleva a sí misma pero también el comportamiento y predisposición de las personas.
Yo lo siento como vamos a «Admirar el arte de nuevas maneras».
Recuerda un ritual no es el qué, es el cómo.
2. La conexión: la práctica de escuchar en comunión
Cuando un grupo de personas se dispone a hacer lo mismo, en el mismo momento y con foco total, se crea una experiencia compartida que tiene más engagement que cualquier acción comercial. Se rezó silencio. Sin pantallas. Sin grabaciones -se les tapó los móviles-. Sin pretensión. Esto genera algo que pocas marcas logran: presencia total.
Escuché a una periodista decir que había sido aburrido. Claro, estas son las consecuencias de la era de dopamina barata en la que vivimos: ya no sabemos ni escuchar música, sin estímulos constantes. Preocupante.
3. La simbología utilizada: cruces, misticismo femenino, luz y oscuridad.
Rosalía es una artista que utiliza los conceptos como grandes narrativas que hilan todo su trabajo y que atraviesa su visión y su arte en todas las capas: marca personal, marketing y experiencias -y conciertos- incluidas. Esto preserva la atención en la propia práctica, cuando vas hilando el porqué o hasta el quién de cada historia.
Ella dormida en el centro a oscuras, y en el transcurso de esa escucha iba haciéndose la luz. De la vulnerabilidad, a la fortaleza. De lo íntimo a lo compartido. De la sensibilidad a la fortaleza. La simbología te ayuda a mimar la atención y anclarla. Una oda a la simbología de su propia espiritualidad.
4. La emoción: Pluralidad emocional, un viaje de la vulnerabilidad al empoderamiento personal.
Lejos de ir a escuchar un disco. Era una experiencia emocionalmente alineada con el imaginario de LUX: sensibilidad, profundidad, intimidad, atención al detalle, energía femenina y misticismo suave. Cuando la emoción, la simbología y la práctica generan comunión, se pausa el mundo y nace un ritual.
No tengo duda que las personas de ahí salieron elevadas, inspiradas y tocadas.
Lo único, que falta es ¿cuándo se repetirá? Lo cierto es que este pasado domingo podías vivir la listening party desde la comodidad del youtube de tu casa, una manera de acercar lo que fue.

Los 4 Beneficios Estratégicos de los Rituales de Marca
En un contexto de estímulos infinitos, dopamina rápida y consumo sin pausa, la Gen Z pide profundidad, intención y experiencias que vuelvan a activar la presencia. Esta búsqueda explica por qué los rituales de marca están regresando con tanta fuerza… y por qué la listening party de Rosalía conecta tan bien con lo que esta generación necesita ahora. Este estudio de Vogue Business + Archrival explica bien esta crisis de sentido.
Por supuesto, no se trata de añadir rituales a todas nuestras experiencias pero sí curar aquellas que tienen potencialidad de generar un vínculo profundo con nuestra audiencia. Los rituales son una tipología de experiencias que traen muchos beneficios estratégicos para las marcas. Te comparto algunas ideas y preguntas para tu propia reflexión:
1. Crear Conexión Emocional Auténtica
Las personas no solo compran el producto: construyen un vínculo emocional con la marca.
Esto es lo que hace que una marca deje de ser “una compra” y pase a ser “una relación”.
Pregunta efervescente: ¿Qué emoción quieres que sea la huella emocional de tu marca?
2. Construir Diferenciación Sostenible
Todo puede copiarse: funcionalidades, precios, packaging, contenido. Pero lo que nadie puede copiar es cómo se vive y siente una experiencia.
Pregunta efervescente: ¿Qué parte de tu experiencia podría ser inimitable?
3. Generar Comunidad de Marca
Los rituales generan tradición. Y la tradición genera comunidad. Cuando las personas comparten una práctica simbólica, sienten que comparten y pertenecen. Las comunidades son el marketing del presente y del futuro -hecho con honestidad-. Pregunta efervescente: ¿Qué ritual podría unir a tu comunidad alrededor de un mismo gesto?
4. Anclar Lealtad Duradera
Es cierto que hay experiencias que tienen más predisposición a ser recordadas pero cualquier marca puede generar momentos que generen resonancia emocional.
Un ritual se recuerda. Se espera. Se transmite. Se repite.
Esa repetición fortalece la relación más que cualquier programa de fidelización.
Pregunta efervescente: ¿Qué ritual quieres que tu audiencia repita contigo a largo plazo?
En mi último libro, «No es casual es el poder del ritual« te narro como los rituales pueden calibrar y potenciar tu liderazgo y cómo el próximo terreno del ritual es el empresarial para anclar mensajes, conectar equipos y crear comunidades
Rosalía no solo lanzó un álbum -que yo estoy escuchando en bucle-, sinó que diseñó un ritual contemporáneo dentro de su propia campaña para lanzarlo y esto es tan arriesgado como coherente.
Y ahí está la diferencia entre lanzar o crear experiencias de alta resonancia emocional, imposibles de olvidar que abren nuevos caminos para crear y expresar, como siempre hace ella.
Me nace preguntarte: ¿Qué prácticas de tu marca podrían ser vividas como rituales?
Te leo,
Gemma