Cada vez que pensamos en mujeres que han moldeado el mundo, solemos hablar de su talento, su valentía, su perseverancia o su visión. Pero pocas veces hablamos de algo más íntimo, sus rituales. Pequeñas prácticas repetidas con intención que les han permitido proteger su energía, cuidar su imaginación o sostener su voz en contextos que muchas veces no estaban pensados para ellas.
Porque liderar, crear o abrir camino no es solo una cuestión de talento. También es una cuestión de cómo nos calibramos, cómo nos conectamos con nuestra capacidad creadora y creativa y cómo protegemos aquella voz que queremos que el mundo escuche aunque incomode.
A lo largo de la historia, muchas mujeres han creado sus propios rituales para sostener su poder personal: desde escritoras que protegían su flujo creativo con espacios de silencio, empresarias que han sembrado una nueva cultura hasta líderes que convertían su cuidado en una forma de resistencia.
Y quizá ahí hay una lección importante para todas, en un mundo que constantemente intenta dispersarnos o desempoderarnos, los rituales pueden convertirse en una forma de soberanía personal.
Este 8M quiero invitarte a mirar los rituales de algunas mujeres que han cambiado la cultura, el arte o la política. No para imitarlos, sino para inspirarnos a crear los nuestros. Porque cada liderazgo, cada proyecto y cada momento vital necesita sus propios rituales. Porque si no hay espacios de pausa para pensar, para decidir para calibrar, es imposible avanzar.
A finales del siglo XIX, muchas mujeres en Estados Unidos comenzaron a presentarse en los colegios electorales para votar. Sabían que probablemente serían rechazadas. La ley aún no reconocía su derecho. Pero aun así acudían.
Porque el gesto en sí tenía un poder simbólico enorme: realizar el ritual del voto.
Al depositar una papeleta —o simplemente al intentar hacerlo— estas mujeres estaban cuestionando una norma cultural profundamente arraigada: la idea de que la política era un espacio exclusivamente masculino.
Ese acto repetido por cientos de mujeres en distintos lugares del país transformó un gesto cotidiano en un acto de reivindicación.
No era solo votar.
Era imaginar un mundo en el que las mujeres también podían hacerlo.
A veces los rituales no solo nos transforman por dentro.
También tienen el poder de abrir nuevas posibilidades para toda una sociedad.
Por qué las mujeres líderes necesitan rituales
Si observas de cerca la vida de muchas mujeres que han abierto camino, descubrirás algo curioso: cada una creó sus propios rituales.
No eran necesariamente sofisticados. A veces eran tan simples como caminar en silencio, escribir siempre a la misma hora o crear espacios para conectar con su intuición. Pero esos gestos repetidos con intención tenían un propósito profundo: proteger su energía, sostener su creatividad o amplificar su impacto en el mundo.
Porque cuando una mujer cuida su energía, protege su voz o cultiva su imaginación, no solo se transforma a sí misma. También transforma la cultura que la rodea.
Estos son algunos de los rituales de mujeres que, desde lugares muy distintos —la música, la literatura, el arte, la moda o la política— han contribuido a imaginar un mundo diferente.

Los rituales de mujeres que abrieron camino
Si observas de cerca los rituales de muchas mujeres que han abierto camino, descubrirás algo interesante: ninguno trata de productividad.
Hablan de otra cosa.
De proteger la creatividad.
De sostener la energía.
De honrar el arte.
De cultivar comunidad.
De regulación emocional, transformando el dolor en expresión.
Cada una creó el ritual que necesitaba para proteger y amplificar su visión en el mundo.
Estos son algunos de ellos.
Diane von Fürstenberg — Empresaria y diseñadora
La empresaria y diseñadora de moda Diane von Fürstenberg tenía un ritual sencillo y poderoso antes de iniciar su jornada laboral. Cada día mandaba un email a dos personas que, según ella, tenía que conectar. Una especie de celestina del networking. Lo hacía sin esperar ningún beneficio personal.
Un pequeño gesto, profundamente generoso, fruto quizás de la complejidad que fue para ella, llegar dónde llegó. Un recordatorio de que el liderazgo también significa crear puentes entre otras personas.
Maya Angelou — Poetisa y escritora
La escritora Maya Angelou protegía su proceso creativo alquilando una habitación de hotel sencilla donde escribir cada mañana. Sin distracciones. Sin interrupciones.
Aquel espacio se convertía en su santuario creativo. Un lugar donde la imaginación podía desplegarse con libertad. Dicen algunos artículos que en este santuario a parte de libreta y pluma también había una biblia, una botella de bourbon y una baraja de naipes por si la inspiración no llegaba.
Georgia O’Keeffe — Pintora
Antes de pintar, Georgia O’Keeffe caminaba durante horas por el paisaje de Nuevo México. Observaba la luz, las piedras, las flores, los huesos del desierto.
Esos paseos eran su manera de afinar la mirada, un ritual de contemplación que nos recuerda que la inspiración muchas veces aparece cuando aprendemos a mirar con calma. Quizás ella no sabía que esta práctica hoy le llamamos baño de bosque y es un gran regulador del sistema nervioso.
Patti Smith — Poeta y cantante
Patti Smith tiene un ritual muy ligado a escribir y observar el mundo cotidiano. A lo largo de su vida ha contado que escribe en cuadernos y libretas en distintos lugares: cafés, hoteles, trenes o en su mesa de trabajo. En su libro M Train describe mucho esa práctica de sentarse en cafés —especialmente el Café ’Ino en Nueva York— para tomar café, observar y escribir.
El café funciona casi como espacio liminal creativo: un lugar entre lo público y lo íntimo donde la imaginación se activa.
Nina Simone — Cantante
Para Nina Simone la música era algo profundamente serio. Antes de salir al escenario necesitaba silencio, concentración y respeto por el momento artístico que estaba a punto de suceder. Vivía la presencia como algo místico.
Ese ritual era su forma de proteger la profundidad de su arte y recordar que lo que iba a ocurrir allí tenía un significado especial así lo sentía también su audiencia, ya que decían que se creaban auténticos momentos de clímax.
Isabel Allende — Escritora
Desde hace décadas, Isabel Allende comienza cada uno de sus libros el mismo día: el 8 de enero. Lo que empezó como un gesto intuitivo se convirtió en su ritual creativo. Una manera simbólica de abrir la puerta a una nueva historia.
Frida Kahlo — Pintora
Frida Kahlo convirtió la pintura y la escritura en un ritual profundamente íntimo. Tras el accidente que cambió su vida, Frida Kahlo empezó a pintar desde la cama con un espejo colocado frente a ella. A través de autorretratos y de su diario creativo transformaba el dolor físico y emocional en imágenes.
Su ritual creativo era también un ritual de resistencia: convertir la experiencia en arte y la vulnerabilidad en expresión.
Jacinda Ardern — Política
La ex primera ministra de Nueva Zelanda ha contado que caminar le ayuda a ordenar ideas y reflexionar antes de tomar decisiones importantes. En medio de la presión política, esos momentos de pausa se convierten en un ritual para pensar con claridad.
Una práctica sencilla que nos recuerda algo importante: liderar también implica crear espacio para escuchar nuestras propias decisiones.
Ruth Bader Ginsburg — Jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos
La jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos mantenía un ritual constante: entrenar fuerza física varias veces por semana con su entrenador personal. Con el tiempo, esa práctica se volvió tan conocida que inspiró incluso el libro The RBG Workout.
Para Ginsburg, cuidar el cuerpo era también una forma de sostener la energía necesaria para defender sus convicciones en uno de los escenarios jurídicos más exigentes del mundo.

Femplificación: un ritual para amplificar las voces femeninas
Toda líder necesita al menos dos rituales: uno que proteja su voz y otro que amplifique la de otras mujeres.
Y hay un ritual que podemos practicar juntas.
Yo lo llamo femplificación (ya te hablé de este en este post)
Un gesto sencillo que consiste en amplificar las ideas, el talento y la voz de otras mujeres. A veces ocurre en una reunión, cuando alguien reconoce la autoría de una idea que estaba pasando desapercibida. Otras veces sucede en una conversación, una recomendación o una conexión entre personas.
La femplificación es un ritual colectivo que transforma la cultura porque cambia algo muy profundo: quién es escuchada, quién es visible y quién ocupa el espacio simbólico de la autoridad.
Es un recordatorio de que el liderazgo femenino no solo se sostiene hacia dentro, a través de rituales personales, sino también hacia fuera, a través de prácticas que amplifican a otras mujeres.
Porque cuando una mujer protege su voz, lidera.
Pero cuando muchas mujeres amplifican sus voces entre sí, la cultura cambia.
Los rituales no son fórmulas mágicas ni hábitos productivos. Son experiencias intencionales que nos permiten volver a nosotras mismas cuando el ruido del mundo nos dispersa.
Y quizá ahí hay una invitación poderosa para este 8M.
No se trata solo de admirar los rituales de mujeres extraordinarias.
Se trata de crear los tuyos propios.
Porque las mujeres que cambian el mundo no solo tienen una voz. También tienen rituales que la protegen y amplifican.
Si este tema te ha resonado, en mi libro No es casual, es el poder del ritual exploro cómo estas pequeñas prácticas intencionales pueden ayudarnos a proteger nuestra energía, cultivar nuestra creatividad y liderar con más conexión y sentido en una era de máxima distracción.
A través de historias, ciencia y experiencias reales descubrirás cómo los rituales pueden convertirse en una brújula para tu liderazgo personal y colectivo.
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